Estudiantes de Traducción e Interpretación

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¿En qué lenguas me matriculo? (II)

Junio 24, 2009 · 20 comentarios

Ya hemos hablado anteriormente de los criterios a tener en cuenta a la hora de elegir nuestra primera lengua extranjera; ahora os comento lo que yo me plantearía en vuestro lugar si tuviera que elegir mi lengua B en estos momentos:

  1. ¿Has estudiado ya una segunda lengua extranjera?

Lo diré una vez más aunque sea solo mi opinión: si hablas una lengua, métela entre tus asignaturas troncales, no pierdas el tiempo. Siendo tu lengua C, profundizarás en su gramática y cultura y tendrás asignaturas enfocadas a la traducción de esta lengua específicamente, así que aprovecha los conocimientos que ya tienes.

Es muy probable que tengas ganas de empezar a estudiar una nueva lengua. A lo mejor te apasiona el cine alemán o tu ambición secreta es vivir en Finlandia. No siempre encontrarás la lengua de tus sueños entre la oferta de lenguas B y C, así que puedes recurrir a la oferta de libre configuración para ello, o simplemente apuntarte en tu tiempo libre a la Escuela Oficial de Idiomas u otra academia. Eso sí, si te mueres de ganas de estudiar una lengua y te fascina su cultura, olvídate de cuestiones prácticas y ve a por esa lengua. Si llevas tres años estudiando italiano pero siempre has querido aprender árabe, y estás dispuesto a hacer un esfuerzo mayor, merece la pena que elijas árabe como tu lengua C. Lo cierto es que traducción e interpretación es una carrera muy vocacional.

2. ¿Empieza de cero la enseñanza de esta como lengua C?

Muchos en mi generación descartamos el francés como lengua extranjera porque teóricamente esta asignatura estaba planteada para estudiantes que no hubieran estudiado francés nunca. Algunos de los que habíamos aprendido francés durante seis años en el instituto decidimos optar por lenguas como el alemán. Esto no tiene nada de malo, salvo que a día de hoy (es decir, a punto de finalizar el segundo curso), y a pesar de nuestra buena intención, la mayor parte de nosotros ha perdido nivel en francés y sigue teniendo un nivel de alemán inferior al que teníamos de francés al terminar bachillerato. Los que eligieron francés como lengua C se encontraron, por el contrario, con un ritmo de aprendizaje pensado más bien como un repaso para los que tenían una base de francés, al menos.

Que la enseñanza empiece de cero puede implicar que nunca llegues a alcanzar un nivel suficiente durante la carrera, sobre todo si no habías estudiado esta lengua antes. Si el nivel inicial no está claro en los planes de estudio (como suele pasar), haz lo posible por buscar foros, blogs, grupos de facebook o conocidos de conocidos… habla con alguien que esté estudiando traducción en esa universidad y pregunta. Nadie te puede informar mejor que los estudiantes que estén cursando la asignatura.

Al final, mi consejo es que no empieces de cero con la lengua C si puedes evitarlo. En todo caso, esta cuestión es subjetiva y también se puede opinar que, si la lengua C no te atrae, por mucha base que tengas va a servir de poco.

3. ¿Conoces la cultura de los países donde se habla?

Una vez más, la lengua C conlleva horas y horas de inmersión en su cultura, el modo de vida de los países de esta lengua y las principales figuras históricas, políticas y artísticas. Si te cuesta decidirte entre dos o más lenguas C, este es otro aspecto a tener en cuenta.

Una cuestión quizá menos relevante (o más frívola) es que la información sobre la cultura de la lengua C (pues siempre tendrás trabajos y exposiciones que requerirán horas de documentación por tu parte) siempre está disponible en dicha lengua pero no siempre está disponible en español y en otros idiomas. Si no eres capaz de entender textos escritos en turco chipriota y buscas información sobre la historia o la cultura de la República Turca del Norte de Chipre, puede que tengas un problema y no encuentres apenas fuentes en idiomas que hables. Esta cuestión, como ya he dicho, no debería ser decisiva, (sería muy triste decidir tu futuro basándote en algo tan anecdótico y no en tus propios intereses) pero es otro factor que tener en cuenta si no consigues decidirte.

4. Salidas profesionales:

Sinceramente, yo no daría mucha importancia a las salidas profesionales de una lengua. Que sea una lengua mayoritaria tiene unas ventajas, que sea minoritaria tiene otras. Los tres criterios anteriores me parecen los más decisivos (al menos, para mí).

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Proyectos para el verano.

Junio 7, 2008 · 4 comentarios

Se acercan las vacaciones de verano, con todo lo que tres meses de tiempo libre implican:

- por un lado, supone la oportunidad de dar un empujoncillo a las lecturas pendientes y a los idiomas que lo piden (o que nos apetece).

- por otro lado, resulta demasiado fácil caer en el lento ritmo veraniego que, por mucho que siempre sea tentador (todos queremos descansar), termina por volverse puro aburrimiento.

Así que, como todos los veranos, me propongo una lista de objetivos mínimos que me protejan de un verano pegada al sofá viendo la enésima reposición de las típicas series juveniles. Espero que mis compañeros opinen sobre esto porque me gustaría saber cómo os organizáis los demás y qué tenéis previsto. Así que, sin más preámbulos, estas son mis… metas, por así decirlo:

- mejorar mi inglés: curso de idiomas en Toronto.

- recordar lo que sé de francés. Como no lo he tocado durante el curso, tendré que hacer ejercicios de gramática dos veces por semana durante estas vacaciones.

- recuperar el japonés. Lo he relegado a un segundo plano. Tendré que repasar prácticamente a diario para asimilar bien la gramática y el vocabulario.

- leer. Especialmente libros en español, para adquirir vocabulario y mejorar la expresión (también ayuda a disminuir las faltas de ortografía).

Eso es todo, por el momento. En mi opinión, la mejor manera de aprovechar el verano es encontrar un equilibrio entre el ocio y el estudio/trabajo. Dejar pasar dos meses a la deriva sin progresar académicamente ni crecer como persona me resulta una idea deprimente, pero considero igualmente terrible terminar las vacaciones sin haber descansado y comenzar el nuevo curso sin ánimo y sin haber repuesto fuerzas desde Junio.

Lucía.

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